Hola pachoncito (para mis adentros siempre te dije así), sé que estás bien, yo, escribiendo la dichosa carta que denominan los psicólogos "La carta que nunca envíe", siempre fui frontal contigo y así seguiré, en estos momentos he de confesar que me tiemblan las piernas y las manos, mi corazón late tan aprisa que parece se saldrá, pero no es obstáculo para continuar con lo que claramente para mí debe quedar reconocido ante ti, te contaré una más de mis historias:
Hace aproximadamente seis meses mi destino laboral me encaminó hacia tu ser, el cual de inicio no observé, sólo te vi, después, al transcurso de los días, tu hermosa y fresca sonrisa al igual que tu dulce mirada, me iluminaron, tu compañía me fascinaba, era tan mágico y placentero verte a diario, con ello regresó mi inspiración...
Desde hacia tantos años que no escribía en forma continua, sólo esporádicamente, esa inspiración, es en principio una de tantas cosas que debo y deseo agradecerte, otro aspecto fue que salió a flote un yo desconocido, me hizo muy fuerte he independiente del lazo marital (también te lo agradezco), tampoco disfrutaba estar a solas, después de verte, disfruto esos momentos...
Gracias también por ello, ¿sabes?, antes de conocerte y que nacieras en mí, configurado en una ilusión como flor en primavera, consideraba que mi vida estaba plena, pero no fue así, tu belleza me excitó de sobremanera, tanto que me dio pánico, palabra exacta para definir tanto miedo a reconocer, ese yo desconocido que salía a flote con la ternura que inyectaste a mi monótona y aburrida existencia...
Así transcurrió el tiempo, ¡cuándo de pronto!, sentí unos celos increíbles porque le ponías mucha atención a una niña rubia, aunado a que cada vez que referías "mi novia", hacia un esfuerzo para despistar el incomprensible sentimiento de los celos, bueno, tenía que esconder tantos sentimientos que brotaron en mi interior sólo por tu presencia...
La verdad, al paso de las horas, meses y días, sé que lo advertiste, pero lo qué no sé, es si vislumbraste que me enamoré profundamente de todo, pero de todito tu hermoso ser, y de tus malos ratos, te veía tan guapo, a este torrente de eventos, los denominé "conflicto existencial"...
Posteriormente, cuando la cosa se puso grave, porque siempre estaba pensando en ti, no me concentraba en el trabajo, además porque en todo momento quería cantar, bailar, lo de mi alrededor lo veía hermoso y mágico, y cuando no te veía, me desesperaba, no obstante, quería abrazar a todo mundo, tenía mucha energía, era inmensamente feliz...
Después era tan difícil contener las ganas de tocarte, aunque fuese un pedacito de ti, ¡pero no!, siempre me contuve, ansias que se intensificaban cada vez más, te juro que rezaba mucho para que Diosito me quitara semejante sentimiento, el cual en verdad me avergonzaba, ante ti, ante él, pero más ante mí misma, siempre había sido fiel aún en pensamiento, ¡qué pecado pensar en alguien ajeno!...
Por eso decidí visitar un psicólogo, cada semana tenía terapia, eso calmó tantas culpas, yo no era una adúltera sólo por pensarte (él me dijo), por eso, exclusivamente como terapia para no pensar en ti, me sugirió lo del gimnasio y más cosas, que decirlas, nunca terminaría, encontrándome en ese proceso de olvido (tan inmensamente difícil) te quitaron de mi presencia, de un tajo, de lleno, ¡ya sabes lo que me causó!...
Te he llorado tanto, como si te hubieses muerto, en verdad te juro por lo más sagrado nunca imaginé el inmenso e inigualable amor que despertaste, mi querida fantasía, después de que te fuiste de mi vista, se acabó mi mundo, mi luz, mi energía, mi coraje, mis ganas de vivir, me estaba aniquilando la pena, pero el día de ayer que te hablé, porque en ese momento tenía gran necesidad de ti, me sentía profundamente sola, te note molesto...
Como si te hubiese fastidiado, con tanto pesar, y dijiste... Que si había hablado con uno de mis mejores amigos y alguien más, (para que decir su nombre), entendí que no debo dejarte la carga de mi soledad y pena, al fin ¿quién eres tú para cargarla?, te entiendo y definitivamente lo comprendo, más sentí tanta rabia, tantas veces me habías despreciado pero esta no puede tolerar, y te agradezco...
Salió a flote mi orgullo, además, no me puedo dar el lujo de seguir llorando por los rincones, ya vez por andar así todo lo que me ha sucedido, aparte, me dio más vergüenza contigo, mi fuerza laboral también se estaba aniquilando, tú sabes lo que representa eso (trabajo) para mí, así fue que decidí escribir la presente que el psicólogo había sugerido, ¡claro!, no debo enviarla (para él), pero yo si la enviaré...
¿Sabes el porqué?, tú te sientes agradecido conmigo, quítate esa carga, estamos a mano, yo también tengo mucho que agradecerte, ya te lo enuncie, además, por lo más maravilloso que me dejaste, este amor que hiciste que brotara, (a nadie le hago daño con sentirlo), a lo mejor lo imaginaste, lo sentiste o tal vez mi cariño te agobiaba, y la inmensa necesidad que tenía de ti te atemorizaba, por eso y más, que bueno que ya no me ves, para no agobiarte con mis sentimientos.
Lo que más deseo en la vida, profunda y sinceramente te digo, mi querido pachoncito es que seas inmensamente feliz, por ello rezo tanto, el verte feliz me llena, aunque yo... Yo, ya sabes... Yo te juro y prometo estaré bien encaminada en mi trabajo, con las mismas ganas y energía de cuando llegue el primer día, sin temores, sé que sobreviviré, ya estoy en paz, al confesarte este sentimiento descanse...
Por lo pronto, a partir de hoy, ya no te lloré, inicié el día de hoy con la fuerza que me da tu recuerdo y el inicio de la tarea, olvidarte, otras veces lo pensé, pero nunca lo ejecute, hasta hoy. Sé que eres un verdadero caballero, por eso me enamoré de ti, me guardarás el secreto de mi amor, me siento aliviada, también porque lo digo sin avergonzarme, amar no es una vergüenza, tenía los poros abiertos de mi piel cuando te conocí...
Por eso entro el amor, estoy segura de que ante mí esta confesión la ignoraras, como has ignorado mis mensajes, si algún día me ves, o te veo, no te preocupes, jamás frente a ti te lo haré saber, ni te preguntaré sobre ese respecto (la carta), que no te dé miedo lo que por ti siento, nadie se enterará, de ahí, que era más duro soportar ese torrente de sentimientos porque tenía que callar, ¡no cualquiera me puede comprender!
Finalmente, no puedo despedirme sin repetirte que vales mucho para mí, por el amor que provocas, nunca olvides lo valioso que eres, si me tienes un poquito de afecto, jamás dejes que nadie te maltrate, porque me maltratarían a mí, que nadie te maltrate, ni siguiera el amor de tu vida, tú eres mucho, así consérvate, sin llegar a la soberbia, mi amor cuídate para mí, para verte siempre exitoso, eres mi orgullo, como persona y como hombre, quien despertó a un ser dormido...
Gracias, muchas, muchas gracias, y le digo adiós, al hombre que amo, más no al compañero, si algún día necesitas de una compañera o amiga, ya sabes que soy incondicional para ti, te juro, te prometo que cuando te vuelva a ver será con otros ojos, no me temas, te veré diferente, que el hombre que amo y que es a quien le escribo, hoy lo entierro, sabes que mis promesas las cumplo...
Hoy quitaré tus fotos de la computadora (las que todos los días veía hasta hoy) aunque olvidar tu imagen me va costar un rato , pues para verte no necesito fotos, ni cerrar los ojos, tengo tu figura tan tatuada en mi mente que siempre disfruto recordándote, desecharé mi poesía, todo lo que inspiraste te lo voy a mandar, cada poema desde que te conocí, te suplico que esta carta al igual que la poesía, deséchala, yo haré lo mismo, simbólicamente y materialmente, porque hoy mi amor, ya te enterré...
Sólo te dejo de recuerdo el regalo que me faltó darte, una cartera muy especial, porque va cargada de todo mi amor, ¿sabes?, quise eso para estar pegadita a ti, aunque sea así, pero no me doy por ofendida que la tires, la regales, si tú quieres desechar todo lo que te recuerde a mí, hazlo, yo sólo quiero, repito y subrayó, que seas inmensamente feliz.
Adiós mi amor imposible, en silencio me voy como llegue a tu vida, como un suspiro que se lleva el viento. Mi querida fantasía siempre añoré besar tus ojos, en la otra vida no te salvas.